Aunque en estos momentos, y en especial en algunos países, es un alivio contar con un trabajo fijo y es muy difícil conseguir otro; puede ocurrir que por conservar un empleo, estemos dejando de lado varias oportunidades, que pueden ser más prometedoras para nuestra carrera profesional.

Por eso, para decidir si se debe o no permanecer en un trabajo que puede terminar agotándonos intelectual y emocionalmente, cada tanto debemos revisar si:

Cada día se hace más difícil asistir al centro de trabajo – Si cada mañana se siente menos ganas de ir al trabajo por la falta de incentivo en las tareas que tendremos que realizar.

No existe ninguna probabilidad de crecimiento profesional – Cuando sabemos que, hagamos lo que hagamos, no tendremos un cargo superior al actual ni mayor renumeración económica.

No satisface nuestras aspiraciones – Si estamos en ese trabajo, es porque no conseguimos un cargo en algo que realmente nos interese.

El ambiente de trabajo es complicado – Ya sea por las relaciones personales o administrativas de la empresa. Si el ambiente es un constante dolor de cabeza, terminaremos por enfermarnos.

Cuando no estas utilizando toda tu capacidad – Si te encuentras en un lugar donde realizas tareas rutinarias o que no son aquellas para las que te preparaste o estudiaste; no tardaras en sentir que estar perdiendo el tiempo, por más que te paguen bien y el ambiente sea bueno.

Si respondes que si a la mayoría de estas observaciones y tus aspiraciones laborales son diferentes a lo que actualmente tienes, lo mejor es buscar otras posibilidades. A nadie le gusta quedarse sin empleo, así que es mejor (con mucho tacto y sin comentarlo todavía con nadie), revisar las opciones y mandar tu currículum a empresas de tu interés, mientras te vas actualizando en tu campo.

Puede que la comodidad de tener un empleo y un ingreso seguro en este momento te detenga, pero piensa que tarde o temprano puedes arrepentirte de no haberlo intentado.