Hay mucha gente que no se siente cómoda a la hora de redactar un texto. Sienten una cierta inseguridad. No saben si el contenido está claro, si está correctamente escrito, si puede dar lugar a malentendidos…

Lo cierto es que para muchos profesionales, redactar sigue siendo una tarea casi imprescindible: unas veces hay que escribir mails y documentos de análisis; otras, tenemos que ponerle textos a una web y contenidos a una presentación. Y un largo etcétera.

Está claro: en algún momento te va a tocar escribir, así que aquí tienes unos consejos útiles para que puedas hacerlo un poco mejor:

1. Elimina la presión

Recuerda: no se trata de ganar el Premio Nobel. En el trabajo, la escritura es sólo un medio para expresarse, no un fin en sí misma. Así que quítate de encima la presión. Sólo se trata de expresarse de forma clara y ordenada.

Piensa que, si sabes hablar, sabes escribir. Si hablas correctamente, seguro que puedes escribir correctamente. La redacción te da la oportunidad, eso sí, de corregir los defectos típicos de la expresión oral: repeticiones, coletillas, frases entrecortadas, saltos bruscos de un tema a otro, etc. Piensa que vas a trasladar lo que quieres decir al papel, pero corrigiendo esos defectos que hemos mencionado.

2. Primero, ordena tus ideas

Contra lo que mucha gente cree, la clave no está en la forma de escribir, sino en la claridad y el orden en la exposición. No importa los recursos de expresión que tengas: si empiezas a escribir hablando de A, en la segunda línea has saltado a B y en la tercera vuelves a A, pero en un momento anterior en el tiempo, ese texto va a ser un auténtico desastre. Si primero afirmas A y, acto seguido, niegas A, tampoco vas a conseguir comunicar bien tus ideas.

3. ¿Qué quieres contar? ¿A quién?

¿Cuál es tu mensaje? ¿A quién va dirigido? Piensa qué quieres decir y a quién se lo vas a contar. ¿Cuál es la idea central que quieres transmitir? ¿Qué nivel de información tiene el receptor? Es mejor que des una respuesta a estas preguntas antes de lanzarte a escribir.

Después, define los puntos que vas a tratar y en qué orden. Un esquema previo puede ser de gran ayuda.
Y otro truco útil: intenta ponerle un título a lo que vas a escribir. El título tiene que recoger el tema esencial del texto. Algo así como tu premisa de partida. Es importante hacerlo, porque de esta forma te aseguras de que todo el texto va en el mismo sentido, y evitas defender tesis contrarias en cada párrafo.

4. No te metas en líos

Si no tienes seguridad, lo que no debes hacer, bajo ningún concepto, es meterte en líos. Es decir, en frases demasiado largas que intentan conectar muchos elementos e ideas, con muchas proposiciones, muchas conjunciones, y muchos verbos. Piensa que cuanto más alargas la frase, más sencillo es cometer un error de concordancia, y más complicado resulta interpretar el significado para el lector. A mitad de la frase es muy posible que ya no sepa a qué te estás refiriendo. Más vale poner un punto de por medio y empezar otra vez la frase desde el principio, con sujeto, verbo y predicado.

Tampoco se trata de escribir como hablan los indios que aparecen en las películas del oeste, claro. Pero mira este ejemplo:

El desarrollo del proyecto se realizará en la sede del cliente en Albarracín, teniendo una duración de aproximadamente 8 meses que se distribuirán en las fases de análisis y desarrollo, incorporando la entrega final los requerimientos funcionales solicitados por el cliente.

Y este otro:

El desarrollo del proyecto se realizará en la sede del cliente en Albarracín. Tendrá una duración aproximada de 8 meses que se distribuirán en las fases de análisis y desarrollo. La entrega final incorporará los requerimientos funcionales solicitados por el cliente.

¿Teniendo? ¿Incorporando? Por mucho que intentemos encadenar “elementos” en una sola frase, no conseguimos hacer el texto ni más elegante ni más comprensible. Más bien al contrario. De una frase hemos pasado a 3, y ahora los conceptos están más claros y definidos. Ya no parece el texto de un abogado malo en prácticas…

5. No separes verbo y predicado con una coma. Evita la forma pasiva

Hay ciertas reglas que son muy sencillas de cumplir y resultan de gran ayuda. Nunca separes el predicado y el verbo con una coma. Por ejemplo: “El proyecto, tendrá una duración de 8 meses”. Es incorrecto.

Evita también, en la medida de lo posible, el uso de la forma pasiva, que puede volver la construcción de la frase un poco enrevesada.

La redacción del proyecto ha sido solicitada por la empresa Car Express.

¿Solicitada (la redacción)? ¿Solicitado (el proyecto)? La frase es correcta, pero resulta bastante más sencillo así:

La empresa Car Express ha solicitado la redacción del proyecto.

6. Huye de las modas

No abuses de las expresiones de moda. Se ha convertido en un clásico. Cuando una expresión, un verbo o un adjetivo “triunfa” en el mundo de los negocios, todo el mundo empieza a utilizarlo en cada párrafo que escribe. Un año es “priorizar”; otro año es “valor añadido”; al siguiente toca “en base a”; y después viene “poner en valor”.

Intenta no abusar de estas expresiones, porque pueden acaban resultando muy farragosas. Sobre todo cuando se incluyen en los textos “con calzador”, sólo para que el receptor tome nota de lo bien informado que está el que escribe…

7. Ojo con los alardes

Cuidado también con los adornos y los alardes de erudición. Si no estás absolutamente seguro de cómo se usa una palabra, o del significado de una expresión, no la emplees. Mejor todavía: asegúrate antes consultándola en el diccionario o en la Wikipedia. Busca ejemplos para enterarte bien. Así, la próxima vez podrás utilizarla con soltura.

Lo mismo sucede con los latinajos. Contrástalos bien, porque es posible que estés intentando quedar como una persona culta, y al final parezcas un listillo/a…

¿Sabías, por ejemplo, que se dice grosso modo y no a grosso modo? ¿O que la forma correcta es Statu Quo?

8. ¿Se entiende? Dale la vuelta si es necesario

¿Has acabado ya? Lee el texto de nuevo. Si quieres, puedes hacerlo incluso en voz alta. ¿Tiene sentido? ¿Hay contradicciones? ¿Te entendería alguien que estuviese escuchando? Si algo no cuadra, dale otra vuelta a la estructura. Hay veces en las que es necesario cambiar de forma sustancial el texto: poner lo del final al principio, eliminar párrafos enteros, completar otros, etc. No tengas miedo de hacerlo. La escritura es un proceso de mejora continua.

9. Repasa, repasa, repasa

Sé cuidadoso. Revisa el texto. No importa cuántas veces lo hayas leído: siempre hay pequeños fallos y muchas cosas que se pueden mejorar. El nivel lo pones tú. Es evidente que no vas a dedicar un día entero a revisar un simple mail. Pero sí está bien que seas consciente de ello: cuanto más tiempo le dediques, mejor será el resultado final.

Usa los correctores ortográficos, pero revisando las opciones y dudas una por una. Son herramientas muy útiles, pero no dejan de ser máquinas. Un ejemplo: “continua” y “continúa”. Las dos opciones están bien para el corrector, pero a ti no te sirven las dos. Depende del contexto.

10. Practica, lee. Da pequeños pasos

Está claro: las reglas están hechas para romperlas con inteligencia. Una vez que hayas ganado confianza, podrás librarte de los “corsés” y escribirás con un estilo un poco más libre. El secreto está en la práctica. Como en todo, a escribir se aprende escribiendo, y leyendo a la gente que lo hace bien. Se aprende incluso leyendo a la gente que lo hace rematadamente mal…

¿Se te ocurre algún otro consejo útil?